
La ciudad de Lima se ha consolidado nuevamente como un epicentro del fútbol sudamericano al ser elegida sede de la gran final de la Copa Libertadores. Este acontecimiento no solo representa un hito deportivo, sino también una oportunidad estratégica para posicionar a la capital peruana como un destino atractivo para eventos internacionales de gran magnitud. La elección de Lima responde a su infraestructura moderna, conectividad aérea y capacidad hotelera, factores que garantizan una experiencia de primer nivel para los miles de aficionados que llegarán desde distintos países.
Este evento impulsa significativamente el turismo, generando un incremento en la ocupación hotelera, la demanda gastronómica y el comercio local. Además, fortalece la imagen del Perú como anfitrión confiable y competitivo en la organización de espectáculos deportivos globales. La final de la Copa Libertadores no solo es una fiesta para los amantes del fútbol, sino también un motor económico y cultural que proyecta al país hacia nuevas oportunidades en el ámbito internacional.