La reciente transición en la Presidencia de la República vuelve a poner en evidencia el complejo escenario político que atraviesa el Perú en los últimos años. La sucesión de José Jerí por José María Balcázar se produjo sin incidentes de violencia, a diferencia de episodios anteriores que estuvieron marcados por protestas masivas y enfrentamientos con las fuerzas del orden, los cuales dejaron decenas de fallecidos y una profunda polarización social.

Aunque el relevo se desarrolló en un clima de relativa calma, diversos sectores políticos y analistas advierten que la estabilidad institucional continúa siendo frágil. En la última década, el país ha registrado una sucesión constante de mandatarios, reflejo de tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso, cuestionamientos por presunta incapacidad moral y crisis de gobernabilidad.
Este nuevo capítulo en la conducción del Estado reaviva el debate sobre el rumbo de la democracia peruana y plantea interrogantes de fondo sobre las causas estructurales de la inestabilidad política. Reformas institucionales, fortalecimiento de los partidos y mayores consensos entre los poderes del Estado aparecen como algunos de los desafíos pendientes para garantizar mayor previsibilidad y estabilidad en el país.